Justificación

-- Año VI. Segunda Época --


Un grupo de profesores, convencidos de la utilidad de la literatura en general, y de la poesía en particular, nos vemos en la necesidad de plantear esta experiencia educativa. Nuestras motivaciones son insólita y radicalmente simples: intentar cambiar, mediante pequeños gestos, el día a día de nuestra labor docente; contribuir a modificar y dignificar el ámbito en el que trabajamos, recurriendo a “un arma poderosa”, como es la poesía, que posee la virtud de potenciar la reflexión y el gusto estético por la palabra, de atenuar la violencia verbal a la que estamos sometidos, de crear un espacio de comunicación distinto; y disfrutar al hacerlo.

EL POEMA DE LA SEMANA nace con la única pretensión de colocar en diferentes lugares de este centro un poema, así como en el entorno virtual de las TIC. La esperanza de los profesores que participamos, es que que nuestro centro se enriquezca con nuevas experiencias, y que lo haga mediante cauces que incentiven día a día nuestro trabajo.

EL POEMA DE LA SEMANA se inicia con la ilusión de que otros compañeros, padres o madres de alumnos, e incluso los propios alumnos participen en esta novedosa actividad. Simplemente leyendo los poemas o incluso (¡qué gran éxito sería para nosotros!) proponiendo poemas para su difusión en este espacio o cualquier otra posibilidad para difundir su existencia. Por tanto, es a la par un lugar de encuentro y un sitio abierto a toda la comunidad educativa del IES Fray Bartolomé de las Casas.

Firmado.

(Los profesores implicados).

domingo, 23 de noviembre de 2014

ALEGRÍA


ALEGRÍA

Un desagradecido
si ahora no alegaras la alegría,
si los versos que antes
fijaban la memoria, el miedo o el amor,
tres vastedades tristes,
en adelante no cantaran la esperanza,
el legítimo y fértil y ancho desasosiego de estar vivo.

Atrás los años mozos, la juventud,
la extraña adolescencia
empeñado en buscar lo bello en lo más triste,
la dignidad
en la lluvia y en la desdicha,
fingiendo un verdadero dolor cuanto aún no era
el tiempo del dolor.

Ha habido que morir y renacer,
ausentarse del tiempo y tornar como junio
con trigo en la chaqueta,
para ver los errores y acordar
que el dolor sólo es noble si es semilla,
que la tristeza solo ensalza si es un bosque
no de armonía sino de profundo sentido.

Ha habido que morir para aceptar la vida
con la misma emoción con que se aceptan
las camisas de un padre, como graciosa herencia,
y acoger en el seno a la alegría
que es amor, puro fruto,
un gozoso legado que también ennoblece.


DATOS DEL POETA: Pedro Sevilla (Arcos de la Frontera, 1959). Para saber más de él, visita este enlace, pinchando aquí y también aquí. De su poesía destacamos, los dos poemarios que tenemos en nuestra biblioteca personal: Tierra leve (Renacimiento, 2003) y Todo es para siempre, antología (Renacimiento, 2009).

COMENTARIO: Este poema nos puede servir para comprender como las enseñanzas del dolor nos proporcionan el material adecuado para aceptar la vida con alegría. En nuestras clases, sobre todo este curso, recaemos una y otra vez en el análisis del dolor que supone estar vivo: las ausencias, los desengaños, la imposibilidad de satisfacer los deseos, etc. Y más de una vez, el alumnado (cometiendo una falacia ab hominen, todo hay que decirlo) señala al triste profesor de filosofía para recriminarle cómo soporta su propia existencia. En el poema de Pedro Sevilla tenéis una posible respuesta: uno de los modos es aceptar la vida/ con la misma emoción con que se aceptan/ las camisas de un padre..., y decirlo mediante un poema, por ejemplo. Es decir, que un modo de soportar la existencia es hacerlo estéticamente: la literatura en general, y la poesía en particular, viene a ayudarnos en esta batalla contra la desdicha y la tristeza. Al leer este poema, levemente sonreímos, como quien sonríe cuando pasea con las camisa jornalera heredada de su padre. (¿No me lo notáis de vez en cuando...?).

lunes, 17 de noviembre de 2014

VESTIGIO


VESTIGIO
No recuerdo exactamente
quién fue el que, sin pretenderlo,
me hizo volver a pensar en ello.
No recuerdo muy bien qué hora era
cuando me llamó para pedirme
el número de teléfono de alguien,
no sabría decir quién.

Abro mi agenda y le doy ese número,
luego colgamos y podría muy bien
haber olvidado todo esto,
pero quedo con ella en la mano
abierta por la letra “p”. Allí,
tras un par de nombres,
está escrito “papá” en el margen izquierdo
y a la derecha un número de teléfono.
El último vestigio de algo. Un número
que no existe, acaso
para una persona tan ajena a mí
como esa que pasa ahora por la calle.
Ese hombre tampoco existe, murió hace ya
algún tiempo, mas pervive en mi memoria
y en mi agenda (con su número de teléfono y su
domicilio propio) y en todas esas cosas que
aún se me hacen tan extrañas: los papeles
que llevan un membrete con sus iniciales,
las cartas que siguen llegando
a su nombre y algunos de sus objetos personales
condenados por siempre a la inutilidad.

Al fin cierro la agenda y la vuelvo a colocar en su sitio.
Tal vez debiera ya de arrancar la página.
Un día de estos lo haré.

DATOS DEL POETA: Este poema apareció hace unos años en Política de hechos consumados, una recopilación de relatos, monólogos y poemas del cantautor Nacho Vegas.

COMENTARIO: El comentario de este poema solo va a estar formado por el fragmento de un relato, El ángel Simón, que añade en dicho libro y por instar a la escucha de su canción homónima.

Hay una funeraria en una calle del centro de Gijón. Creo que lleva allí incluso desde antes de que yo naciera, lo cual ocurrió en 1974. Cuando eran un crío y cruzaba con mi padre por delante de ella, él siempre gastaba la misma broma.
-Agáchate -me decía- ¡Rápido, agáchate!
Siempre me pillaba por sorpresa, y yo me agachaba.
-Es para que no te tomen las medidas- decía sonriendo.
En 1994 mi padre tenía 48 años. Murió una noche de verano mientras dormía. En aquel momento de su vida se encontraba solo y completamente arruinado.



domingo, 9 de noviembre de 2014

PAREN TODOS LOS RELOJES


PAREN TODOS LOS RELOJES

Paren todos los relojes, descuelguen el teléfono,
Eviten que el perro ladre dándole un hueso sabroso,
Silencien los pianos y con un sordo timbal,
saquen el ataúd, permitan a los dolientes venir.

Que los aviones con sus gemidos nos sobrevuelen
garabateando en el cielo el mensaje Él se ha muerto,
Pongan un crespón alrededor de los cuellos blancos de las palomas
Permitan a los policías de tráfico usar guantes negros de algodón.

Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste, 
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi mediodía, mi medianoche, mi palabra, mi canción;
Creí que el amor sería eterno, pero me equivoqué.

Ya no deseo las estrellas: apáguenlas todas;
Empaqueten la luna y desmantelen el sol;
Vacíen el mar y barran los bosques.
Pues nada ahora podrá ser como antes.
W. H. Auden

DATOS DEL AUTOR: Wystan Hugh Auden nació en York en 1907 y murió en Viena en 1963. 

COMENTARIO: Este poema saltó a la fama con la película Cuatro bodas y un funeral y expresa la absoluta desolación que se siente cuando alguien querido muere. La letra tiene suficiente fuerza en español, pero en inglés mantiene un ritmo y unas rimas deliciosas. Auden fue un renovador de poesía inglesa, introduciendo nuevas técnicas y estilos. Tiene gran variedad de registros, todos ellos intensos y que llegan al fondo del alma, como este.

(Por Miguel Andrés Castaño)

martes, 4 de noviembre de 2014

YO SÍ BAJÉ A ACOMPAÑARTE


Yo sí bajé a acompañarte
Y honré el honor de tus aguas,
Que los poemas de amor
Con esplendor van cantando
Por ello quise escucharte.
En un álamo solitario
Lleno de muerte celeste,
Contemplo un poeta bueno
Un brote lleno de vida,
Cual milagro extraordinario.

Y todo el resto del año
Besa tu cauce esas piedras
Llenas de yedra y verdor
Por donde medran la historia
Y eterna gloria de antaño.


DATOS DEL POETA: Este poema pertenece al poeta, dramaturgo y novelista cordobés Óscar Roy de Granada. Es un seudónimo.
COMENTARIO: Acentúo el hecho de que la rima en las quintillas sea interna y externa, como podemos observar en la última quintilla, en la cual riman “piedras con “yedra“ e “historia con gloria“ como mayor particularidad.
En esta selección subyace Gerardo Diego y su verso “Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja“. El agua aparece como símbolo de frontera entre territorios, aun así el poeta se sumerge en ella.
Además, aparece “el poeta bueno“, Antonio Machado, en el olmo solitario lleno de muerte celeste contemplo el milagro de la primavera o la tan ansiada recuperación de su esposa Leonor. En el agua también se ha ido diluyendo la esencia de las palabras del Poeta.

(Por Lola Pastor)